lunes, 3 de agosto de 2015

Ángel muéstrame tu cara.

Me cuesta creer que todavía no se sepa nada de él.

La última imagen que me viene a la cabeza es la de su mensaje de texto invitándome en Panamá a visitar algunos barrios peligrosos donde él quería investigar cómo llegaba allí la droga, cómo vivían los panameños la Cumbre de las Américas...

La Cumbre tenia lugar a pocos kilómetros de la Favela Curundú y mientras casi 30 presidentes de América se veían las caras y hablaban de los proyectos de colaboración entre naciones, Angel Sastre hablaba con Luisa que limpia pescado por 50 dólares al mes, hace dos años su hija de 22 años murió en un tiroteo entre pandillas.



Era abril y el país estaba paralizado. Obama y Castro iban a encontrarse y su fotografía daría la vuelta al mundo.

Lamenté no acompañarlo. El ritmo de los sucesos durante esos días no dejó que me tomara ese respiro pero valoré muchísimo que me hubiera permitido involucrarme en lo que para él era mucho más que un trabajo. Destapar lo oculto, descubrir lo prohibido y publicar lo que no todos permiten, era su pasión y si se me permite decirlo... creo que su obsesión.

Entendí cuánto amaba su trabajo el día que escuché cómo contaba a un grupo de jóvenes interesados en el tema del que era un experto: Periodismo de guerra. 

Habló de Ucrania, de Polonia, de Siria, de cómo se financiaba los viajes durante sus vacaciones como corresponsal en el diario para el que trabaja.. Habló de la responsabilidad de los grandes medios de comunicación y de la que asumía él cada vez que pisaba un país en conflicto.

Lamento infinitamente no saber dónde está. Lamento no ver en youtube el vídeo que quería subir esta vez para hacerse eco de lo que sucede en Siria. Lamento que haya gente usada como moneda de cambio por los terroristas. Lamento que nuestro Gobierno pueda hacer tan poco. Lamento que el periodismo de guerra no se valore como debiera. Lamento que Angel no pueda contarnos lo que está pasando, que no genere conciencia con su testimonio y no veamos sus fotos y reportajes que son, además, el eco de gente que no tiene nada; ni casa, ni comida, ni salud, ni familia, ni país. A muchos solo les queda el alma.

Angel, no quiero que quede tu alma, ojalá vuelvas pronto y nos muestres tu cara.





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