Viajar
es apasionante
Hasta aquí al menos una gran mayoría estará
de acuerdo conmigo.
Si tienes familia (y la quieres) todavía más.
Las experiencias que quedan después de un viaje en avión, en auto o en bicicleta
con niños es realmente alimento para los momentos en los que la paciencia se
agota durante las rutinas semanales. Dejo de lado las peripecias que hay que hacer
para darles de comer sin que se tiren todo encima cuando están sentados (y atados)
y lo mal que uno lo pasa cuando las salas de embarque se transforman en un
improvisado campo de rugby o de fútbol 4.
En este momento me viene a la cabeza mi amiga
madrileña (a la que Sevilla adoptó con cariño) que se ganó una buena cantidad
de incomprensiones el día que posteó en Facebook un insulto a los hijos de la
señora que , sentada junto a ella en la
peluquería, decidió llevarlos logrando con eso romper cualquier tipo de
intención de relajarse que ella hubiera tenido. (Lu, me reí mucho cuando te
leí, conste!)
Viajar
solo tiene otras connotaciones
Partamos de la base que te gusta lo que haces.
Este año subí a más aviones de lo que tenía planeado y a estas alturas casi
puedo hacer un ranking de, por ejemplo:
Aeropuertos con mejor servicio de Wi Fi: A la
cabeza estaría el de Atlanta (con acceso gratuito ilimitado), en la cola el de
Santiago de Chile (no hay internet y se obliga a quien quiera hacer uso del
mismo, a consumir en alguno de los restaurantes de la terminal). Miami, NYC o
Roma tienen un servicio restringido de media hora. Ah… y en Madrid nunca logré
conectarme. ¿Será que a los catalanes no nos dejan? (léase con humor!!).
¿Ciudades que llamaron mi atención?
Me sorprendió
poder recorrer Londres a pie en 3 días. Que Roma me siga pareciendo a
ciudad más increíble del mundo, que en NYC me sintiera como dentro de una
película, que pasear por Chicago fuera como hacerlo sobre una maqueta llena de rascacielos, que la Casa Blanca fuera tan pequeña y DC tan “normal” y
que la ciudad de México no cambie y continúe siendo tan caótica.
Los corresponsales deben saber "interpretar".
Mi gran maestro Lejtman me dijo:"Lo importante en este mundillo al que entras es la interpretación que serás capaz de darle a los hechos". Estaba en lo cierto, es necesario estar atenta y mirar más allá de lo que tus ojos ven para poder interpretar con claridad.
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