Cuando escribo suelo hacerlo sin
música. No logro concentrarme. Me pasa lo mismo cuando leo. No necesito
silencio absoluto, pero sí sumergirme en la historia. Si la historia me atrapa
lo suficiente, el mundo me sobra.
Lo que para la mujer occidental es
algo normal, para la mujer oriental es un derecho por el que todavía tiene que luchar.
Por ejemplo salir sola a la calle: hoy ni siquiera se tiene en cuenta a la
pareja cuando una amiga te pregunta si quieres ir a tomar algo a tal bar o
sumarte a un “finde de chicas”. Si quieres, simplemente vas; en otras partes
del mundo hay quienes todavía piden permiso a un marido o a un padre. Mientras
muchas están atentas a las últimas tendencias de moda que las guían en las
compras, otras deben taparse de arriba abajo por respeto a quien las mira. Unas
pensamos en las opciones de partidos y políticos que tenemos para votar (no
vemos la hora de que lleguen las próximas elecciones para plasmar con el voto
en quien confiamos para gobernar, el debate no se establece en si tal sexo o
tal otro puede sino a qué edad lo hará), otras no pueden ni tan siquiera opinar
si el gobernante de turno debería o no cambiar. Saber (y poder) manejar un auto
forma parte de nuestra libertad. En Arabia Saudí hay mujeres que se manifiestan
y rebelan porque no les está permitido conducir (algunas han muerto tan solo
osando salir).
De vez en cuando, tomar conciencia de
que hay mujeres en el mundo cuya situación es abismalmente opuesta a la nuestra
no está mal.

Eman Mohammed es una reportera
palestina de 26 años que desde 2006 cubre el conflicto en la Franja de Gaza. Es
una activista aparte de una fotógrafa de primera. Ella entra donde otros
periodistas no pueden entrar. Capta con una visión única el conflicto.
Retrata el sufrimiento por haberlo perdido todo, pero a su vez lograr
inmortalizar la esperanza, es capaz de mostrar en una foto la mirada de alguien
que vuelve a empezar, la de la resignación, la del desasosiego, la de la
incertidumbre, la de una madre que protege a su hijo... Eman, de un modo único,
a través de su objetivo nos hace pensar.
Eman tiene dos hijas mujeres, la más
pequeña nació un día después de que terminara la segunda guerra en el lugar.
"No puedo quedarme en casa cuando estamos en guerra", fueron sus
palabras en la entrevista que le concedió vía chat a Grey Hutton, periodista de
Vice. Hoy vive entre EEUU y Gaza. Da conferencias TED, expone sus fotografías y
alberga en su casa a gente que se quedó sin hogar. Eligió proteger a su familia
tras un ataque que sufrió un vecino en Gaza y del que su hija más pequeña salió
lastimada.
Me quedo con la frase que menciona al
terminar una de sus conferencias: "Me convertí en un testigo con opciones:
huir o permanecer firme". Ha sido afortunada. Puso a salvo a su familia y
con el apoyo de su marido y sus hijas vuelve a Gaza para que quienes no vivimos
el conflicto, podamos, al menos, vislumbrarlo.

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