martes, 21 de octubre de 2014

Antes era "él", ahora también somos "nosotras"


Esto surgió a raíz del nombramiento de Gala León, hasta ahora desconocida fuera de los circuitos del tenis. Yo, particularmente, no la había visto nunca. Me recuerda, eso sí, a Sonsoles Suárez, la que fuera hija del fallecido ex presidente de la transición española Adolfo Suárez (aclaro que únicamente por su parecido físico y por eso digo siempre que uno reproduce enseguida imágenes, ¿o soy solo yo?).

Los jugadores tienen problemas con la Federación. Yo recuerdo haber leído declaraciones de Rafa Nadal quejándose de que las mujeres deberían jugar los mismos sets que los hombres en los premios de Grand Slam, que los torneos no están bien distribuidos a lo largo del año, que si tienen pocos momentos para descansar... Y eso que Rafa Nadal es un "grande". Rafa en el tenis es lo que no hay. Pero mojarse se moja poco. De esta polémica, con eso de que está jugando en Basilea, ya se alejó. Seguramente los jugadores estén proyectando en Gala algunas batallas no resueltas en otros ámbitos.

Nadie duda de la capacidad de Gala como capitana de un equipo, pero todos lo hacen en el momento de nombrarla como ca-pi-ta-na de un equipo masculino, de tenis, y en la Copa Davis.

El liderazgo femenino en los últimos años está en boga: Marissa Mayer en Yahoo, Indra Noogi en Pepsico o Ginni Rometty en IBM son algunos ejemplos. En México tenemos a Mariasun Aramburuzabala, dueña de Tresalia y en España a la recientemente nombrada presidenta del Banco Santander, Ana Patricia Botín. Cabe aclarar que en estos dos últimos casos ellas fueron las herederas de dos grandes imperios empresariales creados por sus padres, aunque no faltarán lugares donde leer que el puesto se lo han ganado (y mantenido) por méritos propios. Escuela tenían.

Cuando veo estos nombres pienso en si me gustaría ser como ellas. La pregunta que me hago es: ¿Qué tienen esas mujeres que me gustaría tener a mí? Claro, lo primero que cualquiera podría pensar es que de ellas me gustaría tener sus cuentas de crédito, pero señores... en la vida, seguro que ya lo han aprendido: no todo es dinero.

Detesto el modelo americano de liderazgo donde se presenta a la mujer que llega a un alto puesto directivo como la superwoman con cientos de títulos, de experiencia laboral y de hombres a su cargo (a excepción de María Fanjul, que con 30 años y la experiencia que le cabe dentro de sus, como mucho, ocho años laborales, acaba de ser fichada por Inditex como directora del negocio online). Sí, es cierto, la mujer ejecutiva está acostumbrada a tener que demostrar con el papel los conocimientos (y reconocimientos) que tiene. El hombre llega, por norma general, luego de una larga trayectoria en el sector y como reconocimiento a sus horas y horas dedicadas a la empresa de turno.

En cualquier caso, casi todos los testimonios de vida de las ejecutivas de grandes cuentas son desgarradores. Parecen contentas, en la foto sonríen, se jactan de su libertad, y algunas con hijos (uno o dos como mucho en su mayoría) presumen de hacer un buen uso de la tecnología y presenciar tareas online. 

Señores, a la familia hay que dedicarle tiempo. Si no, no funciona. Y el país, el mundo, necesita familias. Necesita mujeres independientes, profesionales y directivas. Porque saben empatizar con los colaboradores, porque tienen una maravillosa capacidad de gestión, porque integran como pocos a grupos desfavorecidos, porque tienen la picardía que necesitan los negocios y la habilidad para que prevalezcan sus intereses frente al de otros. Pero no olvidemos que la mujer puede ser madre, que el reloj biológico tiene fecha de caducidad, que somos responsables de la educación de quienes poblarán este mundo y que lo mejor que podemos hacer es conciliar. Conciliar familia y trabajo pero, sobre todas las cosas, tenemos que entender que para ganar, muchas veces hay que saber renunciar. Y no hablo de la renuncia al trabajo porque este es necesario para nuestro desarrollo también personal. Hablo de la renuncia inteligente, al entender que a veces hay que saber esperar, hablo del aprendizaje que hay que hacer para poder brillar dentro y fuera de nuestros hogares. 

Al menos en eso pensé cuando hace unos días en la Legislatura Porteña presentaron este maravilloso documental que se llama Crear hogar: hacer visible lo invisible. Ver video


A mí me hizo pensar. ¿A ti?

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