-¡Mamá, mamá! ¡Al hijo de Isabel lo han encontrado muerto en la escalera!¿Qué le ha pasado?
Isabel era nuestra vecina de arriba, la que gozaba de la terraza del edificio sin que nadie se opusiera. La mujer de Manolo, el albañil, ese flaquito que fumaba Ducados sin parar y que impregnaba de olor la escalera. A Isabel la queríamos todos. A veces, se paraba en casa a beber un vaso de agua cuando volvía del mercado con el carro. Mamá siempre me "obligaba" a que , cuando la escuchara subir, abriera la puerta, le ofreciera algo fresco y le subiera la compra hasta el último piso. Ella, mientras tanto, se fumaba a escondidas un cigarro con mi madre.
Nosotros vivíamos en el principal (subía dos pisos teniendo en cuenta que antes estaba el ETLO, hasta que no fui grande no me enteré de que eran las siglas del entresuelo) pero ella tenía que subir cinco pisos todos los días. Claro, con los años redujo sus salidas. Isabel era una mujer de armas tomar. Se había separado de su primer marido, luego conoció a Manolo y con él tuvo a Toni. Un chico con quien temía cruzarme. Aunque él sobre todo salía de noche. Por eso me quedé de piedra cuando lo vi tirado en el rellano una mañana cuando iba al colegio. Estaban la policía y la ambulancia. No había nada que hacer. Toni había muerto por una sobredosis.
Las adicciones en casa han estado siempre presentes. Mamá ha sido adicta a la Coca Cola (tomaba al menos que yo recuerde hasta 10 latas por día) y al cigarrillo. Uno de mis abuelos era alcohólico, murió joven, probablemente fruto del desgaste del cuerpo por beber tanto. No tuvo una vida fácil. En el fondo, creo que él no había encontrado los motivos para vivir. Y uno de mis tíos (al que nunca conocí) estuvo en la cárcel por tráfico ilegal. Ok, mejor no sigo, ya lo sé, la historia de mi familia es un poco surrealista. Pero también por ellos, hoy soy lo que soy.
Por todo esto que cuento, el día que escuché acerca del Cenacolo, no lo podía creer.
El Cenacolo es una iniciativa de Sor Elvira, una monja italiana que logró difundir esta obra por todo el mundo. Son casas de recuperación donde adictos (sobre todo a las drogas) ingresan después de que ellos o algún familiar haya asistido a un coloquio que normalmente se hace en las iglesias. Madres, tíos, hermanos o amigos preocupados por quien es adicto acuden ahí con la esperanza de que alguien los pueda ayudar.
Yo no sé rezar. Es algo que admiro (y envidio) de todos aquellos que logran conectarse con Dios a través de la oración. Tal vez por eso me resultó tan extraño cuando conocí a Davide, el director del centro de Capilla del Señor y me contó que los chicos que allí ingresan se curan gracias al trabajo y a la oración.
Ver para creer. Primero fue una entrevista en el plató. Vinieron Santiago, un abogado divino que se curó allá y es un testimonio viviente de fe y esperanza, y Davide, un italiano también ex drogadicto que tras haber superado la adicción decidió dar su vida para ayudar a los demás. La historia de vida de ambos conmovió a todos aquellos que lo escucharon. Decidimos con la producción de Valor Agregado hacer un programa in situ. Otro espectáculo digno de presenciar. Prometí volver con mis hijos, tenían que ver aquello.
Miguel toma la comunión dentro de pocos días. En el Cenacolo viven 75 varones de entre 18 y 65 años. Trabajan. Están en comunidad. Tienen cerdos, vacas, caballos, huerta, panadería, carpintería, quesería y un lugar donde hacen manualidades. Todo está bien cuidado, cocinan, juegan al fútbol, se juntan para tocar la guitarra y rezan. Buscan siempre un momento al día para orar. Hacen rosarios y les prometí a los chicos ir a buscarlos y mostrarles un lugar que me hizo cambiar el paradigma de que lo de la droga no se puede superar.

-¿Qué es la droga, mamá? -me preguntó Javier. Vaya, qué pregunta difícil, eso tendría que haberlo pensado antes de decidir llevarlos. Pero no lo hice.
-La droga es algo que no te permite pensar. Es eso que cuando lo tomas, te hace ser alguien que en realidad no eres y hacer cosas que de otro modo no harías. ¿Viste cuando comes caramelos que mamá te dice "Gordi, no comas más que te va a doler la panza"?
- Sí.
-Bueno, pues la droga son como unos caramelos que cuando los pruebas no puedes parar de comer aunque sepas que después todo te va a doler.
Cuando llegamos a la comunidad, la primera observación que me hizo Miguel es que todos estaban contentos. Le costó entender por qué no estaban cerca sus familias.
-Necesitan aislarse, cariño, para trabajar la fuerza de voluntad y pensar.
No tengo claro si lo entendió pero se portaron de maravilla, charlaron con todos, les preguntaron qué era la droga y cómo se iban a curar. Camilo, un colombiano que está preparando ya su regreso a casa, les dijo: "Después de la droga, si quieres, la vida sigue".
Hay cosas que por mucho que uno se esmere en relatar, no se pueden explicar. Es como con las fotos. A Estela, mi tía, esa que viaja siempre que puede tipo mochilera (mi tía tiene 53 años pero parece de 33) y que conoce el mundo una barbaridad, le reclamo fotos cuando se va de viaje. "Es que me pierdo el momento, Arantxita, en las fotos los olores y los gustos no se pueden plasmar". Pues tiene razón, lo que se respira en el Cenacolo, por más que lo intente, no se puede contar.
Para saber más del Cenacolo clic aquí
Coloquios segundo y cuarto sábado de cada mes en Av. Santa Fe, 4320. CABA
Adriana Ferreyra: 011 - 4792.7728
lujan@comunitacenacolo.it


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